MÉXICO, 22 DE MAYO DEL 2026
La próxima edición de la Copa del Mundo marca un antes y un después en la historia del fútbol. Con 48 selecciones participantes, 104 partidos y una duración cercana a seis semanas, el torneo organizado en Estados Unidos, Canadá y México promete ser el más ambicioso jamás realizado. Sin embargo, detrás de esta expansión surge una pregunta clave: ¿está creciendo demasiado el Mundial?

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha defendido el nuevo formato como una oportunidad para globalizar aún más el deporte. La inclusión de más países abre la puerta a selecciones que históricamente no tenían posibilidades de clasificar, lo que, en teoría, democratiza la competencia.
No obstante, especialistas y exjugadores han comenzado a expresar sus dudas. El exdelantero estadounidense Clint Dempsey considera que el torneo podría perder intensidad en sus primeras fases. Según su visión, el Mundial “no comienza realmente” hasta las rondas eliminatorias, lo que podría afectar el interés inicial.
Uno de los principales cambios es la eliminación práctica de los llamados “grupos de la muerte”. Con más equipos avanzando a la siguiente ronda, la fase de grupos pierde ese componente dramático que solía mantener en vilo a los aficionados desde el primer partido.
A esto se suma el desgaste físico de los jugadores. En un calendario ya saturado, la ampliación del torneo incrementa la carga de partidos, lo que incluso ha llevado a algunos futbolistas a considerar medidas como protestas o huelgas ante la exigencia extrema.
El factor económico también entra en juego. Los altos precios de boletos, hospedaje y servicios podrían limitar el acceso de los aficionados, generando una experiencia más exclusiva que popular, en contraste con el espíritu tradicional del torneo.
