Ciudad de México. 11 de enero de 2026.
Una de las tendencias más disruptivas en la industria automotriz actual es la decisión de diversos fabricantes de eliminar la compatibilidad nativa con Apple CarPlay y Android Auto en sus nuevos modelos. Aunque estas herramientas han sido fundamentales para la conectividad durante la última década, marcas como General Motors y Rivian están liderando una transición hacia sistemas de infoentretenimiento propios que les permitan retomar el control de la experiencia del usuario y los datos generados.

El motivo principal detrás de este cambio radica en la monetización y la funcionalidad técnica. Al integrar sistemas basados en Android Automotive (distinto de Android Auto), las marcas pueden ofrecer suscripciones directas, servicios de navegación más precisos que se comunican con el estado de la batería en vehículos eléctricos y una interfaz que no depende de la conexión de un teléfono inteligente. Para las empresas, ceder el control del tablero a Apple o Google significa perder la oportunidad de generar ingresos mediante servicios digitales post-venta.
Sin embargo, esta decisión ha generado controversia entre los consumidores, quienes están acostumbrados a la simplicidad de replicar sus aplicaciones móviles favoritas en la pantalla del auto. A pesar de la resistencia inicial, los fabricantes sostienen que sus sistemas personalizados son más estables y ofrecen una integración profunda con los sistemas de asistencia al conductor que las aplicaciones externas simplemente no pueden igualar. El mercado observa con atención si esta tendencia se convertirá en la norma o si la demanda de los usuarios obligará a un retorno de las interfaces de terceros.
